Dos veces al día
Estaba agotado de tanto saludar en mi vida pasada.
Abrí los ojos. Sentí la goma de los calzoncillos de H&M que me apretaba. Llevaba una camiseta blanca del Veranoski de Eroski que solía usar como pijama. Era mi habitación. Era mi cama. Aquel día, como todos los días, moriría dos veces.
Salí de la cama a rastras y me metí en el baño. El espejo me devolvió la mirada vacía y cansada de todos los días. Me dirigí a la cocina y vi por la ventana que el suelo estaba mojado y el cielo cubierto de nubes oscuras. Saqué el bote de café instantáneo y preparé la pastilla. La pastilla de después del café. La que me salvaría de aquella situación. La que me mataría, como todos los días, dos veces.
Me quité la camiseta y me vestí para ir a clase: unos chinos de color beige, una camiseta blanca y un jersey azul de media cremallera. Odiaba esa ropa, pero sabía que pronto daría igual. Bajé despacio por las escaleras y fui notando que mi paso se aligeraba. Al salir a la calle, la gente parecía menos insoportable que desde la ventana de mi cocina. Un pequeño grupo de mariposas blancas empezó a revolotear a mi alrededor. Entonces lo noté: había muerto el que había abierto los ojos. Era otro. Ahora era más fácil pensar. Mis ideas llegaban con facilidad donde quería que llegaran. No había ruido más allá del de los coches que pasaban a mi lado. Me topé con un compañero de la universidad que me saludó:
—Buenos días.
—Buenas —dije, sorprendido de lo cómodo que estaba mientras lo hacía—. Vamos, que esto está hechísimo.
Entramos juntos por la puerta de la universidad y nos dirigimos a clase. En el trayecto, mi compañero me contó que su perro se había puesto enfermo. Hice una broma para aligerar la conversación que aterrizó con una suavidad que me sorprendió. Era como si todas las piezas empezaran a encajar. Llegamos a clase y nos separamos: yo me fui con mi grupo y él con el suyo. Econometría fue aburrida. Me dediqué a comentar lo bien que le habían sentado las vacaciones a una compañera tres filas más adelante. Historia del Pensamiento Económico estuvo bastante mejor porque el profesor me gustaba más y me resultaba más fácil prestar atención. A juzgar por las caras de mis compañeros, debía de ser el único que lo veía así. Nadie parecía darse cuenta de mi cambio, de mi nueva vida. Las mariposas blancas seguían revoloteando por encima de mí incluso dentro del edificio.
Pasaron las horas y terminaron las clases. Yo me iba sintiendo más y más cansado. Me despedí de mis amigos. El agotamiento me hacía reparar más en lo oscuro del cielo, en el agua que se posaba fría en las hojas de los arbustos a un lado de la acera que me llevaba de vuelta a casa. El color de los edificios cada vez tendía más al gris aburrido tan característico de esta ciudad y las mariposas blancas decidieron marcharse. Noté que se me secaba la boca y entonces volví a morir. El que saludaba a todos sus compañeros desapareció. Aquel día, como todos los días, pasé de oruga a mariposa y de mariposa a oruga. Me alcé un rato del suelo y volé, para volver a arrastrarme.
La camiseta de Veranoski me esperaba hecha una bola encima de la cama. Me encantaba esa camiseta, fina como el papel de fumar y tan blanda que a veces dudaba si la tenía puesta. Entré en la cocina y saqué de la nevera un plato precocinado de poke que comí de pie mirando por la ventana. Estaba agotado de tanto saludar en mi vida pasada. Vacié la mochila y la preparé con lo que necesitaría el día siguiente. Es lo que hay, pensé, como si una tarea tan simple necesitara una frase de ánimo para soportarla. Abrí un libro que estaba encima de la mesa del salón. Tras pensarlo unos segundos, decidí cerrar el libro y poner El Taquillazo de Antena 3.
Abrí los ojos. El Taquillazo seguía ahí. Me levanté del sofá y me fui a la cama. Pensé, como todos los días, en las mariposas blancas, en mis dos muertes y en la pastilla que volvería a tomar al día siguiente con el café. Cerré los ojos y me pregunté cuál de los dos soñaría esa noche.
Aprovecho que es mi newsletter y hago lo que quiero para hacer un poco de propaganda de mi otra newsletter, 👁️ Viernes de Metal 👁️, en la que hablo de los discos que salen cada viernes y para recordaros que el otro día saqué Ascua #12 y lo podéis descargar aquí con versión imprimible y la posibilidad de darme pasta o aquí directo y sin hostias.


